
"Tumbarse en una alfombra de clavos de 4 pulgadas – ¿eso puede ser bueno para una persona normal que ni es Artista de Circo ni un Yogi?" Sandra, la enviada especial de la revista "Massage & Kroppsvárd" ha hecho un test con la alfombra, que durante milenios se ha utilizado por los faquires en la India.
"No son clavos de hierro sino clavos de plástico duro con las puntas ligeramente redondeadas, parecidos a los clavos originales", cuenta Sandra. "Como principiante, me dicen que debo quedarme con una camiseta puesta para suavizar el efecto. También me aseguran que los clavos no pueden dañar la piel.
Al principio noto dolor. Mucho dolor. Pero la masajista, Anna Ljungblad de Salón Headon en Malmö, me ha anticipado del dolor y me ha asegurado de que pronto se transformará en bienestar. Confío en ella y hago lo que me dice. Estoy tranquila, respiro hondo y relajo mi cuerpo.
Pronto noto una sensación de calma inusual. Mi cuerpo está transformando el dolor a un estado de calma que me conduce a una relajación total y me siento prácticamente "flotando", sin peso. Todavía duele un poco, pero de una manera muy agradable que no quisiera dejar de sentir."
"El dolor libera las endorfinas", explica Anna. "Estas son hormonas "analgésicas" que se activan también con el ejercicio físico y el enamoramiento. Después de un tiempo se libera Oxitocina, una hormona que también se activa con las caricias y los masajes. Eso te hace sentir relajada y un poco somnolienta".
Agradable masaje
"Cuando estoy tranquila en la alfombra, Anna me ofrece un masaje en la cara. Acepto y mis sentidos flotan entre el tacto ligero de la cara y la presión increiblemente satisfactoria de los clavos.
Al cabo de 20 minutos me ayudan a sentarme, aunque me hubiera gustado seguir. Pero ahora, Anna empieza a darme un masaje muy agradable en la espalda con sus fuertes manos, y lo que había traído hasta aquí de rigidez y dolores musculares, ya es historia cuando Anna termina conmigo." "La presión de los clavos aumenta la irrigación de la sangre en la piel y los músculos", explica Anna. "Por lo tanto no necesito calentarte con un masaje ligero, ya puedo empezar a trabajar tus músculos en profundidad."
Cuando momentos después salgo del salón de Anna, me siento más relajada que nunca y con una nueva visión de la fantástica inteligencia que tiene el cuerpo humano."












